'Los árboles mueren de pie'

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Una farsa junta una cómica colección de circunstancias y un singular grupo de personajes en Los árboles mueren de pie, una obra de teatro de Alejandro Casona. Los temas del amor y la pedagogía se mezclan en esta obra, la cual se difundió en 1949. La comedia se concentra en la persona de la nostálgica Abuela, aunque se forma alrededor de las acciones de otros tres protagonistas listos aun desesperados. Con motivos altruistas, este trío trata de convencer a la Abuela—a través de medios artísticos y fantásticos—de una historia fabulada acerca de su nieto Mauricio, un bribón que supuestamente ha adoptado una nueva vida y que ya viene de visita.

El autor y sus obras

Casona nació en Asturias, España en 1903 con el nombre Alejandro Rodríguez Álvarez. Llevando la influencia de su herencia asturiana, Casona, siempre “dominante y ensoñador a la vez”, imbuiría una “reposada ironía” a las obras que escribiría después de graduarse de la Escuela Superior de Magisterio (9). Fue un dramaturgo prolífico, pues escribió un buen número de obras teatrales. Entre esas obras figura Los árboles mueren de pie. Ésta acabó por alcanzar muy buena fama “en forma universal”; ya traducida a doce idiomas distintos, la obra se ha estrenado en el cine, además de una versión radial (10).

En contraste con el ambiente de desolación después de la guerra civil, el teatro de Casona sigue con “ese sano y desenvuelto optimismo suyo, esa novedad de la risa saludable y de la fe serena”. Por lo tanto, algunos han llamado su temática “escapista”. Al responder a esta crítica, Casona dijo, “…yo no considero como realidad solamente a la angustia, la desesperación o el sexo. Creo que el sueño es otra realidad tan real como la vigilia” (11).

El contexto literario

Esta comedia tiene parte en el conjunto de literatura fantástica, en la que los personajes viven un ensueño, pero siempre mantienen la humanidad y calidez. Además, el teatro de Casona es pedagógico en cuanto emprende moralizar (11). Un mensaje indirectamente visto en esta historia trata de la “errónea educación que suelen impartir los abuelos a sus nietos”, en el caso de la ausencia de los padres. Primero se ve un extremo: demasiada tolerancia del señor Balboa (el abuelo) hacia Mauricio (dicho nieto). Luego el otro: demasiada rigidez cuando debió haber flexibilidad. Por eso, el nieto terminó con una vida vacía, sin virtudes, y arraigada en los vicios (11, 14).

Los árboles mueren de pie tiene vínculos a otra obra de Casona, Prohibido suicidarse en primavera, en la cual también figura una institución de caridad fundada por “el doctor Ariel” (a quien apenas se menciona en esta historia). Los que trabajan en esa institución son “artistas” que ayudan a la gente por medio de actos “poéticos”, es decir, típicamente engañosos; a ellos el fin del asunto les importa, no tanto el medio que usen para lograr su meta (14).

El argumento

En Acto I, llegan a la oficina una señorita “de ojos tristes” llamada Marta y un señor “correctísimo y pulcro” con el apellido Balboa. Los dos vienen buscando ayuda sin saber quiénes serán sus benefactores. Se encuentran en “una gran oficina moderna” llena de la tecnología más innovadora de la época, como ficheros giratorios, teléfonos, audífonos, etc. (39). Se les destaca también la presencia de chucherías fantásticas, incluso redes de pescar y armas antiguas. Al encontrar a algunos de los personajes que trabajan para la institución, nuestros dos visitantes todavía siguen confundidos en cuanto al propósito de su visita, y de pronto se ponen nerviosos por su percibida seguridad. 

Sin embargo, se les quita el susto cuando entra el Director, un “hombre joven” lleno de simpatía y carisma. Es éste quien explica a Marta todo lo que está sucediendo en realidad: Ella, por su aparente vacío emocional al quedar sin trabajo el día anterior, recibió unas rosas junto con una nota sencilla que le decía que viniera a tal dirección para recibir ayuda. El Director entonces le cuenta lo listos que son los “artistas” allí en la institución; básicamente, engañan al pueblo en una variedad de situaciones, vestidos de lo que les convenga para la ocasión. Todo su trabajo brota del deseo de ayudar a la sociedad (por ejemplo, el secuestro de un grupo de niños tiene el fin de rescatarlos de sus padres complacientes). En esencia, el Director le ofrece a Marta la oportunidad de hacerse artista tal como ellos, y ella acaba por aceptar la invitación. 

Al fin del acto, el Director se entera del asunto complicado del señor Balboa, quien necesita un impostor que pase por su nieto que supuestamente vendrá de visita del Canadá. El Director se pone de acuerdo con que desempeñe ese papel y por capricho decide que Marta va a ser la esposa del nieto.

En Acto II, el escenario que vemos ya es la gran casa de los Balboa. La Abuela, una mujer autoritativa y cariñosa a la vez, después de esperar 20 años para la llegada de su querido nieto (cuya vida ha inventado Sr. Balboa por medio de cartas falsas), se emociona cuando ve las caras de la pareja en el umbral. “Mauricio” e “Isabel” llegan con todo su equipaje con el intento de quedarse por algunos días. 

De aquí en adelante, Mauricio e Isabel dirigen su conducta usando toda la información de les dio Balboa para así engañar a la Abuela—y por lo tanto, animarla. Debido a la memoria escrupulosa de la Abuela, surgen momentos en que Mauricio e Isabel tienen que pensar rapidito para continuar el juego sin que la Abuela se dé cuenta. Aunque sea difícil, siguen profesional en su arte mentirosa. 

Al fin de la primera tarde con la Abuela, Isabel se cansa y Mauricio le advierte que sea menos emocional con el trabajo. Pero después la elogia por su buen desempeño. Antes del cierro del telón de este acto, se ven unos rastros de cariño real entre los esposos fingidos. 

Cuando empieza Acto III, ya mero ha pasado una semana y Mauricio piensa irse al llegar la mañana. Isabel no parece querer lo mismo, pero él la asegura algo. De repente, llega a la casa un desconocido (“el Otro”), quien en realidad es Mauricio, el nieto verdadero. Balboa lo ve, le habla y le niega el dinero que el Otro pide brusca pero fuertemente. El Otro se va diciendo que va a regresar mañana o para tener su dinero o para exponer el escándalo. 

Ahora el falso Mauricio trata de negociar con el verdadero, pero no logra nada. Se preocupan los “casados” por la situación. Siempre lleno de magia artística, Mauricio de verdad no sabe qué hacer. En este ambiente de inseguridad, la pareja suelta las emociones que ha mantenido encerradas en sí: Los dos profesan un amor innegable y recién nacido en esa misma casa. Ven que la mentira les ayudó encontrar su propia “verdad” (128).

Isabel: Siete días duró el sueño, y aquí tienes el resultado: ahora sé que mi soledad va a ser más difícil…

Mauricio: Que también yo he necesitado esta casa para descubrir mi verdad. Ayer no había aprendido aún de qué color son tus ojos. ¿Quieres que te diga ahora cómo son a cada hora del día…?

            Ya apasionadamente juntos, Mauricio e “Isa” se resuelven a salir del asunto como puedan. Entretanto, la Abuela se entera de la farsa (su marido se lo confiesa) y encuentra al Otro. Sin que nadie lo previera, la Abuela rechaza todo lo que propone el Otro y lo echa de la casa. Entonces ella decide jugar a lo artístico también y esconde la verdad. Cuando vuelve a ver a Mauricio e Isabel, la Abuela les cuenta que el Otro no le dijo nada y que extrañamente se fue. Al fin de la comedia, la audiencia ve a la Abuela alegrísima al lado de la pareja, la cual, aunque ya se va, de alguna manera se hizo una parte real de su familia.

Conclusión

Así acaba la historia fantástica. El título de esta obra alude al tema central, que es “el poder de la voluntad” motivada por “fines altruistas, capaz del disimulo aun en circunstancias en que un dolor muy grande nos haga morir por dentro” (15). La Abuela aquí se hace como un árbol cuando permanece fuerte, con una fachada de alegría a pesar de la verdad bajo la corteza (o la superficie).  El meollo de la idea de que “los árboles mueren de pie” se halla en “la lucha entre la realidad y la fantasía”. Hasta el fin, el mensaje mantiene un tono de optimismo y cuenta que la ilusión puede tener más peso que la realidad en sí. 

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